Soy doctor en Ciencias Económicas, trabajo para una patronal y doy clases en la Universidad. A parte de mi vida profesional, me he dejado arrastrar por la buena vida y el gourmet. Al comienzo del verano de 2002, después de un periodo de 4 años de haberme abandonado en el régimen alimenticio y en el ejercicio físico, decidí perder peso y recuperar mi forma física. Por un lado, comía muchas “porquerías”: chocolatinas, croissants, etc. Por otra parte, pasaba muchas horas al día sentado ante el ordenador, en el trabajo y en casa, y también leyendo libros, informes, etc.
Mirando varias revistas de dietética redacté un régimen para los días de la semana donde se combinaban las verduras, el arroz, la carne y el pescado. Esta combinación era muy importante pues, por un lado, no aburría al ser variado, y por otro, resultaba equilibrado. Era muy importante el hecho de que no se renunciaba a ninguno de mis sabores favoritos.
A la primera semana detecté que algo que había leído, la necesidad del ejercicio físico, se hacia evidente. A partir de ese momento
empecé caminar, primero un mínimo de 1 hora diaria y después de la tercera semana, 2 horas.
Hacía recorridos por la ciudad, por Montjuic y por Collserola. La primera semana baje 2,9 kgs y eso me dio una gran moral y durante los 6 meses que duró el proceso de adelgazamiento nunca baje menos de 1 kg y algo más cada semana. Al comienzo, en Julio de 2002, había llegado a pesar 95 kgs, lo cual dada mi estatura, 1,68 mts, era una combinación estéticamente fatal.
Todo el proceso fue supervisado por mi tío, médico jubilado, y hubo varias consultas a la medico de cabecera del Seguro. Solo hubo una incidencia, cuando la médico de cabecera me advirtió, delante de un análisis de sangre, de la posibilidad que se iniciase una anemia, al cuarto mes del proceso. El riesgo fue evitado incorporando al régimen hígado de ternera, dos veces por semana.
En Diciembre de 2002 llegaba a los 65,8 kgs, con una sensación de victoria total. Hay que destacar que la parte moral fue importantísima en todo el proceso y que las bajadas sucesivas de peso contribuyeron a espolear el ánimo y el esfuerzo en mantener el régimen.